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Entre naciones
David Arellano Cuan
darecuan.coladic@hotmail.com

Cascos azules: Iniciativas de paz que causan conflicto

México, D.F., febrero de 2006. Como podrán haber advertido, existe una nueva sección en la página de red de Coladic en la que tendremos oportunidad de comentar temas de carácter internacional. En este espacio intentaré exponer acontecimientos actuales de interés internacional buscando generar una reflexión jurídica al respecto. Con ello no pretendo aterrorizar a aquéllos que por alguna razón no tienen especial interés en el derecho; la intención es promover el entendimiento de muchos de los fenómenos internacionales que se pierden en la nebulosa creada por lo que es y lo que debe ser. En cada columna, debajo de mi nombre, encontrarán mi dirección de correo electrónico, la cual pretendo que sirva como un canal de comunicación entre ustedes y yo, a través del cual intercambiemos ideas sobre los temas que tratemos y busquemos la constante mejora de este espacio.

Me parece que las agresiones en contra de los cascos azules en Costa de Marfil (Côte d'Ivoire) en África son material para comentar en esta ocasión. Desde inicios de este siglo se han venido presentando conflictos de carácter político-militar en dicho país. Organizaciones internacionales, como Human Rights Watch, reportan abusos por parte de las autoridades de esa nación en materia de derechos humanos, incluyendo tortura, desapariciones forzadas, múltiples muertes y miles de desplazados.

Es por ese motivo que desde abril de 2004 cerca de 6,000 cascos azules de la ONU se encuentran en Costa de Marfil como parte de una misión para mantener la paz. La crisis actual en su contra se atribuye a que una misión de paz sugirió al parlamento de ese país que cesara sus actividades.

Lo paradójico de este caso repara en que quienes son enviados para mantener la paz, también son motivo de una disputa adicional a la que ya existía desde antes de que se hicieran presentes. No se trata de un acontecimiento nuevo; los cascos azules también han generado controversia recientemente en situaciones en Irán, Sudán, Haití y Timor Oriental, por sólo citar algunos ejemplos. Lo natural es preguntarse qué hacen los cascos azules en el interior de un país, si, inicialmente, la existencia de ese grupo obedece a conflictos entre naciones.

Algunos, de los apasionados por el concepto de soberanía necesario en la época poscolonial,  pensarían que se trata de intervencionismo. Otros piensan que cualquier ataque en contra de los derechos humanos, sin importar su ubicación y los actores que participen, es del interés de la comunidad internacional.

La realidad dista mucho de ser así: blanco y negro. La participación de la ONU en conflictos internos obedece a que la propia organización los califica como de “escala internacional”. La controversia surge cuando nos enfrentamos al hecho de que no existen criterios claros y definidos para determinar cuando si y cuando no debe participar la ONU en un conflicto interno. Urge definir esos criterios ya que, por el momento, sólo contamos con algunos casos que nos sirven de guía para saber los parámetros (si los hay) que ha seguido la ONU ; casos que, por cierto, tampoco son una excelente referencia, sobre todo si consideramos las severas críticas que se llevó la ONU por reaccionar tarde en los casos de Kosovo y Sudán.

¿Qué elementos determinan que un conflicto interno tiene escala internacional? ¿Son los sujetos que participan en el conflicto? ¿La naturaleza de los actos perpetrados por los sujetos participantes en el conflicto? ¿Cuál es el momento adecuado para que la ONU intervenga?

La ausencia de respuestas a todas estas preguntas no sólo representa un desafío para quienes buscan que la ONU funcione mejor, sino que cuestionan la legitimidad de la participación de los cascos azules en conflictos de naturaleza interna. Me parece natural que ante estas situaciones existan resistencias a la efectividad con la que actúa la ONU y algunos hasta cuestionen su imparcialidad. En el extremo algunos, muy radicales, cuestionan su existencia, claro, sin proponer un modelo que la sustituya.

Pero ¿qué institución no es cuestionada? ¿qué institución no es perfectible? ¡Todas!. Lo importante es no cesar en el intento por buscar un cambio en el funcionamiento de la organización que la haga más transparente y más justa; cambio que, por cierto, está lejos de ser de inmediata realización.